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Alea jacta est
El manido proceso de Bolonia termina (de momento) y nos deja exactamente la misma situación que antes; es decir un título medio con poquísimas atribuciones profesionales y un título superior con todas las atribuciones o, dicho en la terminología adoptada, un título de grado y un título de máster.
La conclusión real es que se han pervertido claramente las intenciones y lo que se pretendía con la reforma educativa. En la rama de las ingenierías se apostaba por un título generalista con competencias generalistas (el grado) y un título específico con competencias específicas (el máster, en este caso caminos).
El resultado es exactamente igual a lo que tenemos ahora. Unos ingenieros técnicos que desgraciadamente pueden (mejor dicho, les permiten) firmar bastante poco y unos ingenieros de caminos que pueden firmar cualquier cosa... Da igual que se hayan dedicado a las presas y a la geotecnia toda su vida; siempre van a poder firmar el proyecto de una carretera o un plan general de ordenación urbana.
Bonita ocasión para volver a recordar a aquel entrañable ingeniero de caminos, canales y puertos (sin ninguna experiencia en el diseño o proyecto de puentes) que se atrevía a demonizar la celebración de un curso de puentes porque uno de los directores era un ingeniero industrial que se había dedicado toda su vida profesional al cálculo de estructuras... Y claro, es que el tema de los puentes es exclusivo de los ingenieros de caminos, canales y puertos.
Voto para que se cambie el título a ingenieros de caminos, canales, puertos y puentes.
¡Que no se diga!
Y... Bolonia... Pues otra vez será. Poderoso caballero don dinero, don colegio profesional y doña universidad; perdón, que la susodicha es dama.
Por favor, ¡evita las mayúsculas en la medida de lo posible!