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09-12-07
Domingo por la tarde delante de mi ordenador portátil. Quería intentar acabar el primer episodio de mis cuentos de Mulligan… Pero resulta imposible. Alex, mi querido hijo de casi ocho meses, está disfrutando de una sobremesa insomne junto a mí. Lo he sentado en el suelo, lo he rodeado de unos cuantos juguetes y aquí está, descubriendo el mundo. Mi intención era, como he comentado, seguir escribiendo acerca del nuevo héroe de la narrativa de ficción contemporánea, el inefable James Mulligan… Pero me he tumbado al lado de Alex y… He sentido irrefrenables deseos de expresar quasi-ordenadamente lo que me sugiere la escena. Mozart nos acompaña con su obra fetiche para momentos serenos de esparcimiento infantil, el Concierto para flauta, arpa y orquesta.
Es realmente sorprendente observar a un bebé durante el proceso de aprehensión del mundo que le rodea. Ese mundo al que ha sido expulsado, arrojado (nunca mejor dicho) de forma tan poco elegante y glamurosa; de todas formas ése es otro tema. Aquí está Alex con su fino cabello rubio y sus grandes ojos de color azul-asturias, tratando de jugar con un aro (rigurosamente debería referirme al nombre exacto de la figura geométrica, toro, pero como prácticamente nadie me entendería intento evitarme una situación delicada) y una mariposa de colores estridentes. Un momento. Bingo. Apresurémonos a gozar de la tercera deposición del día. En esta ocasión la diosa fortuna nos ha resultado esquiva y se ha producido la fuga de material tóxico al body y a los pantalones. ¡Genial, hoy es mi día! Procedamos a ejecutar una inmediata operación de canje textil.
¡Prueba conseguida! Hemos pasado de los pantalones de franela gris al chándal rojo de piel de melocotón. Ahora sólo queda comprobar que no existen más pruebas del delito sobre la alfombra tejida con piezas de letras de foam a modo de rompecabezas literario. ¡Aquí está! La “n” minúscula se convierte en testigo de cargo contra el pequeño Alex y la prueba será archivada como elemento “c” de la acusación (el “a” y el “b” eran los susodichos body y pantalones). Retiremos la pequeña y, en principio, inofensiva “n”, y dejemos que Alex vuelva a erigirse en protagonista absoluto de la escena.
El panorama puede resultar poco alentador. Un barco pirata con pulsadores a modo de animales escasamente atrevidos: el capitán perro, el piloto pato, el marinero tuerto gato (blandiendo una extraña cimitarra en su deforme mano) y el grumete mono colgado de su cola. La presión sobre cada uno de ellos nos devuelve diferentes melodías, todas estridentes y complicadas de olvidar. Parece que Alex comparte mi perspectiva y manda el barco a hacer… Perdón. Quería decir que enviaba al buque a una misión de reconocimiento a la esquina opuesta de la habitación. El siguiente objeto de su atención es un elefante amarillo de orejas naranjas vestido con un mono vaquero y unas deportivas verdes con cordones naranjas (claro, a juego con las orejas). Pero no… Tampoco parece que sea capaz de seguir el ritmo del pequeño nórdico oscense. En ese momento asumo el mando de las operaciones y coloco en sus manos un cubo musical (en este caso la palabra “cubo” alude de forma rigurosa a la forma geométrica del elemento en cuestión). Se lo regalaron a Maya cuando era muy pequeña y, debo reconocerlo, jugó bastante con él. Creo que es la primera vez que lo ve Alex. Cada una de las seis caras del cubo está cubierta de diferentes “experiencias” (ignoro el término pedagógico): pulsadores musicales, pulsadores luminosos, esferas para girar, etc. Y además, como gran muestra de nuestra particular apertura de miras, el cubo es bilingüe. Parece que le hace gracia.
Pausa técnica. Hora de merendar.
Después del reparador break frutícola intentamos una nueva operación de inducción al sueño. Parece que no va a dar resultado. Ni siquiera Mozart resulta un aliado fiable a estas alturas. Probaría con Sinatra pero intuyo a Maya en la lejanía. Me da en la nariz que ha sufrido una micción involuntaria durante su letargo vespertino. Voy a enfundarme el mono de torero.
Por favor, ¡evita las mayúsculas en la medida de lo posible!